04 noviembre, 2009

Pesadumbre tóxica

Quisiera desintegrarme en el aire,
en el polvo de las rocas, afuera,
en la calle, donde el asfalto tiñe
la tierra de pesadumbre tóxica.

Dedicado a Gabriel Martel.

video

06 septiembre, 2009

Sombras de luz...


Sombras de luz caminan
por verdes prados de arena
ensanchando veredas rocosas,
tiernos rosales,
rotos manantiales,
truncados cielos de plomo,
teñidas hojalatas de seda
que anuncian muerte,
semilla de la espiga.

23 junio, 2009

Sin título


A veces, cuando estoy triste,
desearía estar más triste;
porque la tisteza, a secas,
sin lágrima alguna,
no es tristeza sino angustia;
y la angustia es mucho menos
soportable.

06 abril, 2009

Que el viento borró tus manos


Que el viento borró tus manos
es impredecible;
la soledad,
la frontera.

Bella y tersa alma
difuminas el aire.

14 febrero, 2009

Palabra, palabra, palabra...


Palabra, palabra, palabra...
amarte me haces y
con todo mi odio te amo,
en la muerte te quiero cautiva.

Mal te siento cuando te amo,
maldita desdichada escrupulosa,
si a mi pensamiento no alcanzas,
si a mi corazón trastocas.

Silencio roto


La vida ya no sigue su camino, se oye
el silencio roto.
El rojo de la alameda tiñe las
aceras... de la alameda.
La libertad en un espasmo perdió su timbre.
El aire recobra la conciencia y llorando
sonríe.
A un paso de la vida.

Callan los pulmones mientras sudan, se rompen...
los corazones.
En la verdad no existe el consuelo
como en cuento de buenas noches.
El espasmo, la verdad, las fracturas y
los silencios
se difuminan a la sombra de los álamos.
A un paso de la muerte.

A 11 de Marzo de 2004

22 agosto, 2008

Dependencia


Era un pequeño piso sin claridad. La ausencia de luz natural impregnaba cada rincón. Ausencia de luz no es sinónimo de asfixia -pensaba él-. El habitáculo estaba dotado de respiraderos que se evidenciaban a través de las rejillas incrustadas en la pared, por donde las corrientes de aire exhalaban su oxígeno dando un respiro al chico, alimentando su idea de lucidez.
Caminaba por el angosto pasillo en dirección a la cocina, donde solía llenar su vaso de agua manteniéndose a una prudente distancia del fregadero. Sorteaba las cucarachas al salir de aquella dependencia de lo que una persona digna hubiera podido considerar una penitenciaría de lo más lóbrega.
Junto a él, en la cama, dormía el vacío presente de todas las personas desconocidas. Vacío que él mismo, bajo una inexplicable tendencia masoca, agrandaba con las palabras derramadas en la descripción astuta de la nada a la que gustaba dar forma.
Sintió el frío y durmió, se vio solo y habló, hablaba y enmudecían, enmudecían porque no decía nada, sólo lo intuía en voz alta. Trató de despertar pero se le adelantó el destino.
Dicen que no existió, que me lo invento. Después de intentar auto-convencerme, lo conseguí, puesto que no puede existir nadie así excepto dentro de sí mismo. Y disimular lo que uno es no es más que dejar de ser para actuar en los papeles mundanos, que cada día me invento yo como se inventaba aquel chico que murió sin llegar a materializarse.