12 diciembre, 2009

Síntesis


Nunca se sabe a dónde te va a llevar la vida cuando sales caminando del vientre de alguna madre perdida. El hecho de nacer no te da dercho a vivir, esa es mi opinión. Lo que un hombre debe hacer tras haber nacido, aprendido, crecido, es plantearse por sí mismo si merece la pena vivir, si se lo merece, y entonces tomar la decisión, el resto es coser y cantar. Nunca nadie podrá decirte que vivas porque es un derecho y un deber al mismo tiempo. Esta es tu más profunda concepción de la existencia y en ella queda reflejada la esencia de tu ser. No pienses en nada, en nada más que no sea aquello que ves después de despertar de un extraño sueño. Si puedes distinguir entre las tinieblas y un rayo tenue de luz, entonces verás los océanos extenderse ante tu conciencia. Es sólo una mera cuestión de dignidad, de sabiduría, de sentido propio. El no saber a dónde va un hombre cuando por fin ve la luz, es la ceguera inaudita de los ignorantes, pero ¡pobres ignorantes sabios que contruyen caminos equivocados! La complacencia de los sentidos puede ser el camino o la virtud del erudito, del gurú, del dios. Trata de leer las palabras de otros y encontrarás las tuyas. Yo no sé nada de esto, pero tengo la osadía de escribir sobre ello. Los diccionarios estallan en mi cabeza al paso que tú, con inombrables poemas, te dejas arrastrar por la vida sin detenerte a considerarte a considerarlos. ¡Mira, por dios, mira!, ellos están ahí, de pie, esperando y, en cambio, tú sigues esperando a que ellos vengan a por ti. Nada más lejos de la realidad, todos estáis de pie esperándoos los unos a los otros y nadie echa a andar sin esperar, con la esperanza de que alguno de ellos se cruce en tu camino. Echa a andar y te inmitarán, no son tan complejos como parecen, son tan inútiles como lo disimulan. Este puede ser el fin de todo lo conocido, y quizás estas letras trasciendan a un mundo más allá de lo imaginado. La circunsición de los cielos en un apocalipsis de fuego, lava y piedras incandescentes que veo llover desde la tierra que un día cultivábamos. Ésa es la imaginación del poder, de las histerias concentradas en un solo instante. Y, sin embargo, mírate, sigues ahí callado.